Mis Ultimas Palabras, testamentos, memorias
Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha intentado trascender su propia vida y dejar expresado, en la medida de sus posibilidades y mediante el uso de los recursos conocidos, los sentimientos y la forma de vida que lo caracteriza.
Ha intentado desarrollar un lenguaje acorde a los tiempos venideros, que le permitan expresar su mensaje y comunicar sus palabras, opiniones y voluntades.
En el hombre, la idea de comunicar su mensaje es anterior inclusive, al uso de las palabras. La necesidad de comunicar, de expresar los sentimientos es tan fuerte, que desarrolla o modifica los hábitos comunicacionales.
Prueba de esto son las pinturas rupestres, ejecutadas sobre piedra y roca, desarrolladas no para comunicarse con los cohabitantes, sino para transmitir un mensaje de pertenencia hacia el futuro. Para expresar "aquí estuvimos y de esta forma vivimos" a las civilizaciones posteriores, estableciendo un legado cultural que perdure en el tiempo.
Mucho más adelante, con la evolución del lenguaje y la escritura, se modificaron los medios de transmisión, pero la necesidad de prevalecer en el tiempo, de quedar en la memoria de los familiares, amigos y generaciones futuras no disminuyó.
Desde la tradición oral primero y escrita después, conocemos las aventuras y desventuras de los pueblos antiguos. Sus creencias y vivencias marcan los nuestros a través de los mensajes que, muchas veces en forma de cuento o novela llegan hasta nuestros tiempos.
Las fábulas, la mitología, las crónicas e historias de nuestros antepasados, permiten que estos sigan existiendo en nuestros recuerdos. Dan vida eterna a los mensajes, permitiendo que trasciendan por los siglos de los siglos.
Inclusive en el siglo XXI perduran tribus y pueblos cuyos ancianos conocen de memoria y transmiten por vía oral, las vivencias de sus antepasados. Las creencias de aquellos que vivieron y prepararon el lugar que hoy es habitado por las nuevas generaciones, goza de salud eterna, respetando las tradiciones culturales y ampliándolas generación tras generación.
Desde este punto de vista mas que hablar de la muerte de una persona, podemos referirnos a la ausencia corporal, pues su mente y espíritu son propagados en el pensamiento de las otras personas, residen y perduran en el recuerdo de sus semejantes.
Vivimos en la era de la comunicación, nunca en toda la historia de la humanidad, expresar nuestros pensamientos y conocer el de los otros tuvo tantas herramientas para hacerlo. Sin embargo, por vergüenza, falta de tiempo, individualismo u otros motivos, la vida trascurre sin que expresemos todo lo que tenemos para decir a quien queremos; sin comprender que la Palabra, en cualquiera de sus formas de expresión (visual, oral, escrita), es la puerta que libera nuestros pensamientos, conduciéndolos a los sentidos de nuestros semejantes y permitiendo que estos intenten comprender nuestras razones y nuestro accionar.
La vida no nos prepara para la ausencia de vida, y muchas veces nos encuentra en mitad de camino, con temas por resolver y sin tiempo para poder hacerlo.
Así como no nos prepara para la muerte de nuestros seres más queridos, tampoco lo hace para la nuestra, pudiéndonos dejar la sensación en un caso o el otro, que han quedado muchas cosas por decir.
Que importante sería tener la posibilidad de poder establecer con anterioridad nuestras últimas palabras, establecer el legado personal y único para cada una de las personas que nos acompañó en el trascurso de la vida, poder alentar y animar a los seres que se acongojan con nuestra ausencia, poder festejar los logros de nuestros herederos o amigos, inclusive cuando ya no estamos…